Causas

Emisión monetaria

En diciembre de 2019, la base monetaria argentina era de $1,8 billones de pesos. En diciembre de 2023, era de $10,4 billones. Se multiplicó por casi seis en cuatro años. ¿A dónde fue toda esa plata? A financiar al Estado. ¿Qué pasó con los precios? Lo que pasa siempre que se inunda una economía con dinero que nadie demandó: subieron.

La emisión monetaria es la causa más directa e inmediata de la inflación. No la única — el déficit fiscal explica por qué se emite y el monopolio monetario explica por qué se puede — pero sí la que transforma una decisión política en una pérdida concreta en tu bolsillo.

La mecánica

El proceso es mecánicamente simple. El Tesoro Nacional necesita pesos para pagar sueldos, jubilaciones, subsidios, obra pública y todo lo que el Estado gasta. Si la recaudación no alcanza — y en Argentina rara vez alcanza — el Tesoro le pide pesos al Banco Central. El BCRA los crea y se los transfiere.

Los canales formales tienen nombres técnicos: Adelantos Transitorios (préstamos del BCRA al Tesoro) y Transferencia de Utilidades (ganancias contables del Central que se giran al gobierno). Pero el resultado es el mismo: pesos que antes no existían entran a la economía a través del gasto público.

¿Por qué esto genera inflación? Porque los pesos nuevos no vienen acompañados de bienes y servicios nuevos. Hay más dinero persiguiendo la misma cantidad de cosas. Cada peso vale un poco menos que antes. Los precios suben para reflejar esa nueva realidad.

Los números argentinos

La relación entre emisión e inflación en Argentina no requiere modelos econométricos sofisticados. Alcanza con mirar los datos:

No hace falta ser economista para ver el patrón. Más emisión, más inflación. Siempre. En todas partes. Sin excepciones.

Pero la Fed también emite...

Es cierto. La Reserva Federal de Estados Unidos multiplicó su balance por cinco entre 2008 y 2022. El Banco Central Europeo hizo algo similar. Y la inflación en esos países subió, pero no llegó a los niveles argentinos. ¿Eso refuta la teoría?

No. Lo que pasa es que el dólar y el euro tienen una demanda global que absorbe parte de la emisión. El dólar es la moneda de reserva mundial: bancos centrales, empresas y personas en todo el planeta demandan dólares. Eso le da a la Fed un margen que ningún otro emisor tiene. Es un privilegio descomunal, no una prueba de que la emisión es inocua.

Además, que la inflación del dólar sea del 3% y no del 200% no significa que no exista. El dólar perdió más del 85% de su poder de compra desde que la Fed existe. Es destrucción monetaria en cámara lenta. Más elegante que la del peso, pero destrucción al fin. La diferencia es de grado, no de naturaleza.

La inflación no es un acto de Dios, no es una catástrofe natural ni una enfermedad. La inflación es una política. Y una política puede ser cambiada. Por lo tanto, no hay razón para rendirse ante ella.
Ludwig von Mises — Planificación para la libertad, 1952

¿Por qué siguen emitiendo?

Porque emitir es políticamente indoloro en el corto plazo. Subir impuestos genera protestas. Recortar gasto genera protestas. Emitir no genera protestas — al menos no inmediatamente. El efecto inflacionario llega semanas o meses después, y para entonces el político ya culpó a los empresarios, a la especulación, a la guerra en Ucrania o a lo que sea.

Es el incentivo perfecto para el cortoplacismo político: el beneficio es inmediato (pagar las cuentas, financiar la campaña) y el costo es diferido y difuso (la inflación la pagan todos, un poco cada día). Ningún político racional renuncia a ese instrumento voluntariamente. Por eso el problema no se resuelve cambiando al presidente del Banco Central. Se resuelve eliminando el monopolio monetario.