El pico: 2022–2023
El sábado 2 de julio de 2022, Martín Guzmán renunció al Ministerio de Economía con un tuit. No fue una sorpresa. Llevaba semanas enfrentado con Cristina Kirchner, que lo consideraba demasiado ortodoxo. Lo que sí fue una sorpresa es lo que vino después: el período de mayor destrucción monetaria en Argentina desde 1990.
El desfile de ministros
Guzmán había durado dos años y medio. Su reemplazo, Silvina Batakis, duró 24 días. En ese lapso, el riesgo país se disparó, el dólar blue superó los $330 y los bonos argentinos cayeron a niveles de default. El mercado votó: esto no funciona.
El 3 de agosto de 2022, Alberto Fernández hizo su última jugada: nombró a Sergio Massa como "superministro" de Economía, unificando las carteras de Economía, Producción y Agricultura. Massa llegó con credenciales de pragmático, contactos en Washington y una ambición que iba más allá del ministerio: quería ser presidente.
Y esa ambición fue, precisamente, el combustible de la catástrofe.
Massa: el bombero pirómano
En los primeros meses, Massa hizo lo que había que hacer: ajustó el tipo de cambio, subió las tasas de interés, negoció desembolsos con el FMI y recortó algunos subsidios energéticos. La inflación de agosto 2022 fue del 7% mensual. Alta, pero no apocalíptica. Los mercados se calmaron. Massa parecía tener la cosa bajo control.
Pero Massa no era ministro de Economía. Era candidato a presidente que hacía de ministro de Economía. Y un candidato necesita votos. Los votos cuestan plata. Y la plata había que imprimirla.
El plan platita
A medida que se acercaban las elecciones de 2023, el gobierno aceleró el gasto de manera deliberada. El objetivo era claro: llegar a octubre con la mayor cantidad posible de pesos en la calle para sostener el consumo y la actividad, aunque eso significara prender fuego lo que quedaba de la moneda.
¿Cómo se ejecutó? Con todas las herramientas disponibles:
- Bonos y refuerzos de ingresos — pagos extraordinarios a jubilados, beneficiarios de AUH y programas sociales, concentrados en los meses previos a la elección.
- Dólar soja — un tipo de cambio diferencial para que los exportadores de soja liquidaran divisas. El BCRA compraba dólares caros y vendía pesos baratos. El campo ganaba, el Central perdía reservas netas.
- Créditos a tasa subsidiada — líneas de financiamiento por debajo de la inflación, financiadas con emisión.
- Congelamiento de tarifas — las elecciones no podían llegar con un tarifazo. Los subsidios energéticos, que Massa había empezado a recortar, volvieron a crecer.
El resultado fue una expansión monetaria brutal en los meses previos a las PASO de agosto y las generales de octubre. El BCRA emitió el equivalente a 5 puntos del PBI solo entre junio y noviembre de 2023.
La aceleración
Los números cuentan la historia mejor que cualquier relato:
- Enero 2023: 6,0% mensual
- Abril 2023: 8,4% mensual
- Agosto 2023: 12,4% mensual (post-PASO, Milei gana)
- Septiembre 2023: 12,7% mensual
- Noviembre 2023: 12,8% mensual
- Diciembre 2023: 25,5% mensual (devaluación de Milei)
En agosto de 2023, Javier Milei ganó las PASO con un discurso que ningún candidato competitivo había usado en décadas: hay que cerrar el Banco Central. La reacción del mercado fue inmediata. El dólar blue saltó de $550 a $780 en una semana. Los precios se aceleraron al ritmo de la incertidumbre.
Massa, ahora oficialmente candidato, respondió con más de lo mismo: congeló el tipo de cambio oficial, expandió controles de precios y multiplicó las transferencias sociales. Cada una de estas medidas agravaba el problema que pretendía resolver. Los precios relativos se distorsionaron al punto de que el mismo producto podía costar el doble en un supermercado que en otro, dependiendo de si tenía o no el cartelito de "Precios Justos".
La distorsión de precios relativos
Este es un punto que la discusión pública suele pasar por alto. La inflación no es solo que "todo sube". Es que las cosas suben a ritmos diferentes, y eso destruye la capacidad de los precios de transmitir información.
En una economía sana, los precios relativos te dicen qué conviene producir, qué conviene consumir y dónde conviene invertir. Cuando la inflación distorsiona esos precios, las decisiones económicas dejan de tener sentido. Un empresario no sabe si su producto es rentable o si la ganancia aparente es solo espejismo inflacionario. Un consumidor no sabe si el precio que paga es caro o barato porque la referencia cambia cada semana.
El sistema de precios es un mecanismo para comunicar información. Cuando se lo distorsiona, las decisiones que toman millones de personas dejan de estar coordinadas. El resultado es el caos.
En Argentina, a fines de 2023, los precios relativos estaban tan rotos que algunas tarifas de servicios públicos representaban menos del 10% de su costo real. Un viaje en colectivo costaba menos que un chicle. Un departamento de tres ambientes en Buenos Aires se calefaccionaba todo el invierno por el precio de dos cafés. Esa distorsión no era gratis: la pagaban todos los argentinos a través de la inflación y los impuestos que financiaban los subsidios.
Diciembre 2023: el final y el principio
Milei ganó el ballotage en noviembre con el 55,7% de los votos. El 12 de diciembre, su ministro de Economía, Luis Caputo, anunció una devaluación del 54%: el dólar oficial pasó de $366 a $800. La inflación de diciembre fue del 25,5% — la más alta desde la hiperinflación de 1990.
El año cerró con una inflación acumulada del 211,4%. El peso argentino perdió más de dos tercios de su valor en doce meses. Los salarios reales cayeron al nivel más bajo en dos décadas.
Lo que Massa dejó atrás no fue solo una inflación del 211%. Fue una economía con precios relativos destrozados, reservas netas negativas, una brecha cambiaria del 150%, controles por todos lados y una sociedad agotada de que cada mes el sueldo valga menos. Todo para llegar segundo en una elección.
La pregunta que queda es la misma que se hacían los alemanes en 1924, los argentinos en 1990 y los venezolanos hoy: ¿cómo se vuelve de esto? En la historia monetaria, volver nunca fue fácil. Pero el primer paso siempre es el mismo: dejar de emitir.