Historia — 1024

La invención del papel moneda

China inventó el papel. China inventó la imprenta. Y China inventó el papel moneda. También fue China la primera en descubrir lo que pasa cuando un gobierno tiene una imprenta y papel ilimitado: hiperinflación.

Jiaozi: el primer billete

Alrededor del año 1024, la dinastía Song emitió los primeros billetes oficiales del mundo, llamados jiaozi. No nacieron de la nada: los comerciantes de la provincia de Sichuan ya usaban certificados de depósito privados desde hacía décadas. Llevaban monedas de hierro (pesadas e incómodas) a un depósito, recibían un certificado de papel, y comerciaban con el certificado. El papel representaba metal real guardado en una bóveda.

El gobierno vio el negocio y lo estatizó. Creó una oficina de emisión de billetes, prohibió la emisión privada y empezó a imprimir jiaozi oficiales respaldados en monedas de cobre y hierro. Al principio funcionó: los billetes eran convertibles, la emisión era limitada, y el comercio se facilitó enormemente.

La tentación

Pero el gobierno de la dinastía Song tenía un problema: guerras. Las campañas militares contra los Jurchen del norte eran carísimas. Subir impuestos era políticamente difícil. Pedir prestado tenía límites. Pero imprimir billetes... imprimir billetes era fácil.

La emisión se aceleró. El respaldo en metal se diluyó. Los billetes pasaron de representar algo a ser simplemente papeles con el sello del emperador. Para el siglo XII, la cantidad de billetes en circulación superaba largamente las reservas metálicas que supuestamente los respaldaban.

El resultado fue predecible: los billetes perdieron valor, los precios subieron, y la confianza en el papel moneda se evaporó. La dinastía Song cayó en 1279, en parte por el desorden económico que la emisión descontrolada había generado.

Los mongoles repiten el error

Los mongoles de Kublai Khan, que conquistaron China y fundaron la dinastía Yuan, adoptaron el papel moneda con entusiasmo. Marco Polo, que visitó la corte de Kublai en el siglo XIII, quedó asombrado: el emperador fabricaba dinero de la nada y todos lo aceptaban. Le pareció una especie de alquimia.

Pero la alquimia monetaria tiene los mismos límites que la otra: no funciona. Los mongoles imprimieron sin parar para financiar sus campañas militares. Para fines del siglo XIV, los billetes Yuan habían perdido prácticamente todo su valor. La dinastía Ming, que sucedió a los Yuan, intentó lo mismo con sus propios billetes — y obtuvo el mismo resultado.