Bretton Woods
En julio de 1944, mientras los aliados avanzaban por Normandía, 730 delegados de 44 países se reunieron en el Hotel Mount Washington en Bretton Woods, New Hampshire. Su misión: diseñar el orden monetario de la posguerra. Lo que salió de esa conferencia moldeó la economía global durante las siguientes tres décadas — y sus consecuencias se sienten hasta hoy.
El acuerdo
El sistema de Bretton Woods era elegante en su simplicidad:
- El dólar estadounidense sería convertible en oro a un tipo fijo de US$35 por onza.
- Las demás monedas fijarían su tipo de cambio respecto al dólar.
- Los bancos centrales podían canjear sus dólares por oro en la ventanilla de la Fed.
En la práctica, el dólar se convertía en la moneda de reserva mundial — "tan bueno como el oro", decían. Estados Unidos era el banquero del planeta. Todos los demás países guardaban dólares como reserva y confiaban en que esos dólares eran canjeables por metal.
El privilegio exorbitante
El ministro de Finanzas francés Valéry Giscard d'Estaing acuñó la frase "privilegio exorbitante" para describir lo que Bretton Woods le daba a Estados Unidos. Y tenía razón.
Si Francia quería comprar petróleo, tenía que exportar vino, queso o aviones para obtener dólares con los que pagar. Si Estados Unidos quería comprar petróleo, solo tenía que imprimir los dólares. El costo de producir un billete de US$100 es de unos 17 centavos. La diferencia entre 17 centavos y $100 es señoreaje puro — un subsidio del resto del mundo a Estados Unidos.
Mientras EE.UU. mantuviera la disciplina fiscal y monetaria, el sistema funcionaba. Los otros países recibían una moneda estable respaldada en oro. EE.UU. recibía la capacidad de financiarse a costo casi cero. Todos contentos — mientras durara.
El deterioro
No duró. El problema era predecible para cualquier austríaco: un sistema que le da a un gobierno la capacidad de crear la moneda de reserva mundial es un sistema que incentiva el abuso de ese privilegio.
Durante los años '50, EE.UU. mantuvo cierta disciplina. Pero en los '60, la combinación de la Guerra de Vietnam, los programas sociales de la "Gran Sociedad" de Lyndon Johnson y la carrera espacial generó un déficit creciente que se financió con emisión de dólares. La cantidad de dólares en circulación creció mucho más rápido que las reservas de oro en Fort Knox.
Los gobiernos europeos empezaron a sospechar. Si había más dólares que oro, no todos los dólares podían ser canjeados. Y si no todos podían ser canjeados, la promesa de Bretton Woods era una mentira.
La sangría de oro aceleró. Para 1971, las reservas de oro de EE.UU. habían caído a la mitad de lo que eran en 1944. La convertibilidad del dólar era una ficción sostenida solo porque no todos los países canjeaban al mismo tiempo. El día que lo hicieran, el sistema colapsaría.
Ese día llegó el 15 de agosto de 1971.