Causas

Intervencionismo

Cuando la inflación sube, los gobiernos tienen dos opciones. La primera es atacar la causa: dejar de emitir, reducir el déficit, soltar el monopolio monetario. La segunda es atacar el síntoma: controlar precios, restringir el tipo de cambio, regular transacciones y culpar a los empresarios.

Argentina eligió la segunda opción de manera casi ininterrumpida. Y cada intervención, sin excepción, agravó el problema que pretendía resolver.

Controles de precios

Los controles de precios en Argentina no son una novedad del siglo XXI. Se remontan a la época de Perón y se repitieron bajo cada gobierno que enfrentó inflación alta. Precios Máximos, Precios Cuidados, Precios Justos — los nombres cambian, el resultado no.

El mecanismo de falla es siempre el mismo. El gobierno fija un precio por debajo del precio de mercado. El productor, al no poder cubrir sus costos crecientes, hace una de tres cosas: reduce la calidad (envases más chicos, ingredientes más baratos), deja de producir el producto controlado, o lo desvía al mercado informal donde puede venderlo a precio libre.

El consumidor va al supermercado, busca el producto con el cartelito de "Precio Justo" y no lo encuentra. La góndola está vacía. Al lado hay un producto similar, sin cartel, al doble de precio. Eso es lo que generan los controles de precios: escasez del producto controlado y suba del que no lo está.

El gobierno quiere corregir los efectos no deseados de su primera intervención con una segunda intervención. Pero esta segunda produce efectos aún peores, lo que lleva a una tercera, y así sucesivamente. El resultado final es un sistema que nada tiene que ver con las intenciones originales.
Ludwig von Mises — Crítica del intervencionismo, 1929

Cepo cambiario

El cepo es la versión cambiaria del control de precios. En vez de fijar el precio de un producto, el gobierno fija el precio del dólar. Y el resultado es el mismo: escasez del producto controlado (dólares oficiales) y aparición de un mercado paralelo (dólar blue) donde el precio es mucho más alto.

Argentina vivió bajo cepo cambiario durante 8 de los últimos 13 años (2011–2015 y 2019–2023). En ambos períodos, la brecha entre el dólar oficial y el blue llegó a superar el 100%. Esa brecha no es una anomalía: es la medida exacta de la distorsión que genera el control.

El cepo genera un catálogo de consecuencias perversas:

La pendiente intervencionista

Lo que hace al intervencionismo especialmente destructivo es que se retroalimenta. Cada control genera una distorsión nueva, y cada distorsión se usa como justificación para un control nuevo.

El cepo genera brecha. La brecha genera expectativas de devaluación. Las expectativas aceleran la inflación. La inflación "justifica" controles de precios. Los controles generan escasez. La escasez "justifica" más regulación sobre la producción y distribución. Y así sucesivamente.

Mises describió este proceso como la dinámica del intervencionismo: cada intervención falla en su objetivo declarado y crea los problemas que "justifican" la siguiente intervención. El destino final de esta pendiente es el control total de la economía — o el abandono de los controles y un regreso al mercado.

¿Por qué se insiste?

Porque son políticamente atractivos. Un control de precios permite al gobierno señalar a un culpable externo — el supermercado, el empresario, el especulador — y presentarse como defensor del consumidor. Es mucho más cómodo que admitir que la inflación la genera el propio gobierno con la emisión.

Los controles transforman un problema monetario en un conflicto distributivo. En vez de discutir por qué el Banco Central emite tanto, discutimos si Carrefour es un abusador. En vez de cuestionar el déficit fiscal, cuestionamos los márgenes de ganancia de los productores de aceite. El intervencionismo no solo no resuelve la inflación: cambia el tema de conversación para que nadie la resuelva.